Acerca de las razones de ser un bailarín
por Steve Paxton
 

«Yo creo que una de las razones por las que estoy involucrado con la danza es para completar mi desarrollo en el movimiento. Porque tengo hambre de encontrar, de concretar, de explorar, de hacer lo que los bebés hacen esencialmente cuando comienzan a moverse. Hambre de conocer más de lo que el movimiento es o puede ser. Considero que esta actitud provee el servicio de mantener esta búsqueda en una cultura cuyo entorno ha sido diseñado para que la supresión física y sensorial se convierta en requisito indispensable para sobrevivir en ella. De hecho, la mayor parte de las personas que estudian danza no pretenden llegar a ser bailarines, no toman en serio esa ambición. Creo que están tratando de completar un equilibrio físico que ha corrido el riesgo de perderse por permanecer sentados doce años, o más, en la escuela. Fundamentalmente, la civilización urbana tiende a castrar el desarrollo sensorial y de movimiento que se llevaría a cabo en un entorno natural. Me refiero a la pérdida del sentido del olfato, a que el sentido de la vista se encuentra estrictamente controlado por lecturas, por la televisión, por la escuela, por la publicidad, por las palabras que saturan la ciudad. Es claro que existen numerosos tipos de control, implícitos en los mensajes visuales, acerca de cómo debemos interactuar con la ciudad. En los matices y subtextos urbanos hay mucho más que neón. La comida es anunciada publicitariamente, en lugar de ser cazada o recolectada. Sé que es inútil quejarme por esto, pues perdimos la oportunidad de cambiar de dirección hace 15.000 años. Y está claro que encuentro que las ciudades son sitios muy interesantes, pero, cuando retorno al campo, me percato de inmediato acerca de la diferencia en torno a lo que los sentidos requieren. Y me percato una vez más de la forma terrible en que el cuerpo ha caído en desuso. La danza nos recuerda esto. La danza nos conduce a explorar nuestras capacidades físicas. La danza hace que la mente se enfoque en una existencia básica, en la que el tiempo, el espacio y la gravedad se abren hacia la manifestación del impulso creativo. Lo anterior me parece una especie de recordatorio de la naturaleza, de nuestra naturaleza, y, como tal, ofrece un servicio inestimable para nuestra decaída fisicalidad. La danza es una llamada a despertar, para nuestros instintos, adormecidos por la urbanización; un estímulo para los cuerpos habituados sólo a trabajar; una promesa de salud, para el desarrollo de los niños. Incluso aquellos que se ven obligados a interactuar con un contexto natural, utilizando sus cuerpos más a menudo, caen en rutinas que moldean a los organismos como si de herramientas se tratara, de las cuales ha huido la creatividad. Sin embargo, la danza habrá de recordarles sus pies, sus columnas, su alcance. Y creo que eso es algo bueno para nosotros». 

_______________________________


«Bailar es mostrar lo que me hace la danza»

  Stéphanie Aubin
___________________