Lil Buck

Lil Buck


«No son sólo sus movimientos,
sino su musicalidad.
Él está escuchando cosas que no todo
el mundo puede oír, y luego lo traduce
tan rápidamente en movimiento que,
al verlo bailar, te parece que
estás viendo música»

________________________

Lauren Lovette
[bailarina solista del
New York City Ballet]

________________________

 

Uf… Qué decir de este extraterrestre. Poco, la verdad. Solo callar ante su increíble danza, a medio camino entre el jookin, el ballet, el contemporary hip-hop… sin más prólogos que las palabras del propio Lil Buck explicando lo que hace: «Salto dentro de la música. Me meto en el ritmo. ¿Así como en un ecualizador puedes ver la música subiendo y bajando, sabes? Eso es lo que hago. Ser un recipiente para el sonido. Lo ves en mi cuerpo». 

El vídeo de arriba es un buen ejemplo de ello. En él Lil Buck baila su versión de The Swan, con música de Saint-Saëns, acompañado por Yo-Yo Ma en una reunión privada en la que, afortunadamente, se encontraba Spike Jonze para registrar la jugada con su smartphone, subir el vídeo a la web y viralizar la maravilla.

Con su danza y sus palabras, Buck nos recuerda incluso lo que muchos enormes creadores a veces olvidan al sobrecoreografiar sus piezas, situándose ante una música como ante un mero espacio sonoro, de un modo calculado y técnico, analítico, mental, como ante una fría arquitectura rítmica a la que encajarle a tempo, sin más, unos movimientos con los que subordinar la música a la propia invención, reduciéndola casi a un metrónomo, y no a la inversa, relacionándose ellos desde una auténtica escucha con el milagro de esa música, con el milagro de pisar el único rincón del universo en el que el sonido se propaga y en el que –movidos por ese aire que en la música porta pasión, almas, humanidad– podemos, pese a todo, celebrar la gravedad, el ser terrestres, inspirados por ese espíritu que desde lo más hondo de nosotros nos inflama y nos empuja a bailar, siendo en verdad ‘bailados’ por la danza, cuyos potentes e invisibles brazos parecen sostener siempre a quien logra dejarse ir en el trance de esa relación, apoyándose sin duda en lo técnico, pero sólo para excederlo y desbordarlo, bailando casi al borde del desastre, rompiendo toda forma y permitiendo así que por esa grieta que se abre brote, empapándonos, la emoción. Solo esa relación y ese dejarse ir desde una escucha/reacción real a cómo esa música afecta a un bailarín (en el estilo que sea) son tal vez auténtica danza y la custodian. Todo lo demás, gimnasia rítmica, acrobacia. Espectáculo, no arte. La danza es siempre una respuesta, pero una respuesta no del todo meditada ni controlada: una respuesta que consiste en mantenerse disponible a lo imprevisible y a ser afectado por lo que no podremos controlar. Es estar dispuesto a la pérdida del control. El creador que renuncia a reglarlo todo no busca un efecto, aunque lo produzca. Busca más bien una relación que, de antemano, no sabe cómo irá. Importa (o me importa a mí al menos) más por ello qué hace la música con uno que qué hace uno con la música. Eso vemos en todo genio de la improvisación que renuncia a lo íntegramente reglado, desde Keith Jarrett a Messi. Si uno conoce y domina ya técnicamente un lenguaje, haga lo que haga, no podrá escapar de ese lenguaje. Nada mejor por ello que aceptar ‘hablar’ sin conocer del todo qué es lo que uno dirá en abierta relación con lo otro, con lo naciente y por llegar. En esa fina, delicada y conmovedora frontera baila Lil Buck.  

UN POCO DE HISTORIA

Hoy de 29 años, Charles Riley –ese es su verdadero nombre– creció en Memphis, Tennessee, conocida en todo el mundo como el «hogar del blues» y «el lugar de nacimiento del Rock and Roll», una ciudad que ha tenido siempre una profunda conexión en la música y cuya danza urbana contemporánea se llama jookin. La irrupción de Buck es un hito más en su tradición.

Hijo de Sabrina Moore, empleada en una tienda de ropa, y de Charles Riley Jr., conductor de camiones, Lil Buck descubrió el jookin gracias a su hermana mayor, Stephanie, a sus 11 años, al verla bailar unos pocos pasos en el salón de su casa. El jookin es, en rigor, un estilo surgido de un movimiento llamado Gangsta walking –algunos lo llaman incluso urban ballet– que ganaba terreno en la Memphis de los años 80 y 90 y que enganchó a Buck para siempre a la danza.

Recuerda bien su flechazo: fue un día –dice– en la pista de patinaje del Crystal Palace. Allí vio a un bailarín local conocido como BoBo deslizándose en círculo como el propio Buck hoy lo hace y quedó enganchado. «Yo ya era muy muy fan de Michael Jackson, pero cuando vi a este tipo, quedé alucinado. Se movía de un modo aún mucho más loco que Michael. Ese día supe que era eso, que eso era lo que haría en mi vida».

Quienes lo conocieron durante sus años de formación –cuando ingresó en una escuela secundaria de artes y empezó a estudiar hip-hop y ballet, hasta desarrollar su propio estilo– recuerdan que Buck tenía capacidad de movimientos y flexibilidad, pero que no era naturalmente bueno.

«Lil fue el único niño de todos aquellos que teníamos que bailó tanto como respiró, y lo digo literalmente –ha contado a The New York Times Tarrik Moore, propietario de U-Dig Dance Academy en Memphis, donde Lil Buck estudió–. A este tipo le dabas un par de zapatos y los destrozaba en dos días».

Eso explica en parte por qué Buck no era un buen estudiante –todo lo contrario–, salvo cuando se trataba de bailar. Su bajo rendimiento académico tiene su explicación –hasta hace unos años– secreta: «Mi madre no sabe esto –confesó tiempo atrás–, pero yo solía permanecer despierto toda la noche practicando, hasta el amanecer. Y claro, luego, a la hora de ir a la escuela, yo allí no era casi persona».

Pese a que la mayoría de sus movimientos son improvisados –y ahí reside en parte su gran arte: su paleta de movimientos y lenguajes es muy amplia y por eso, al bailar, siempre está creando en directa relación con la música–, sabe ceñirse a coreografías muy regladas, como en sus versiones de The Swan, de Saint-Saëns, o de Petrushka, de Stravinsky. Confiesa en cualquier caso que él sueña con movimientos de baile que luego aplica o improvisa. «Lucho mucho en mi cabeza –dice–. Cuando me voy a dormir, tengo un alter ego que está siempre dándome patadas, porque está haciendo cosas imposibles».

«Lil Buck tiene algo que realmente no puede enseñar –ha dicho Lauren Lovette, solista del ballet de Nueva York, con quien Buck bailó hace unos años–. Tiene esta conexión con su cuerpo, lo entiende tan bien… Realmente puede conseguir que su cuerpo haga lo que él quiera. La mayoría de la gente no tiene ese tipo de control mente-cuerpo, esa coordinación. Sólo lo sé porque he intentado hacer mucho de lo que él hace… Pero no son sólo sus movimientos, sino su musicalidad. Él está escuchando cosas que no todo el mundo puede oír, y luego lo traduce tan rápidamente en movimiento que, al verlo bailar, te parece que estás viendo música».

Miembro de una reciente ola de jóvenes artistas iconoclastas que empezaron en las calles y que han llegado a ser aclamados en el mundo del arte y la performance, Lil Buck no olvida por ello la distancia de su recorrido ni su lugar de origen y lucha por sacar adelante a los demás con él. Pese a haber actuado ya con Madonna, Baryshnikov, Wynton Marsalis, Yo-Yo Ma, el Cirque du Soleil, el New York City Ballet y a haber realizado anuncios para Louis Vuitton, Apple, Gap, Lexus, Versace, Nike, Vogue, nada de todo esto parece impresionarlo tanto como el hecho de haber sido el primero de toda su familia en lograr viajar fuera de Estados Unidos. Un detalle ante el que él ve en sus manos sólo la recogida de un fruto sembrado con el esfuerzo de todos los suyos.

«Eres como cualquier otro superhéroe –dice él–. Puedes usar tus superpotencias para bien o para mal. Y yo estoy usando mi poder para el bien». ¿Qué significa eso para Buck? Defender la educación artística para niños, algo que él mismo ya hace en el Instituto Aspen.

«Buck es definitivamente un artista-ciudadano –dice Damian Woetzel, ex bailarín principal del New York City Ballet y director del programa de artes para el Instituto Aspen–. Su camino ha venido a través de la danza, pero también a través de la educación. Tiene una gran habilidad para conectar y comunicar».

«Si tienes el don de afectar a la gente de una manera buena, artística e inspiradora –asume Buck–, entonces tienes una responsabilidad».

Así entonces –y pese a que entre sus aspiraciones máximas está la de elevar el jookin a lo más alto: «sitúo al jookin en la misma categoría que el hip-hop, el ballet, el jazz, el modern»–, su objetivo mayor, dice, es crear una fundación de promoción de las artes para los niños. «Esa misión es mucho más profunda y grande que el jookin; se trata de lograr un impacto en este mundo». Un impacto que él produce incluso al no haber renunciado a seguir bailando en las calles –como Banksy rechazó encerrarse en galerías y museos– y en la elección de los entornos para muchos de sus vídeos: espacios suburbanos, si no desangelados y casi sórdidos, sí desprovistos de la belleza que él, con sus movimientos, hace aflorar por donde pasa. 

Por último, dos curiosidades más. Una, Lil Buck es vegano. Dos, dedica –como Messi a su abuela sus goles– la mayor parte de sus actuaciones a su abuelo, que tenía Parkinson y cáncer. «Él creyó mucho en mí». De acuerdo. No obstante, quien más ha creído en él, sin duda, ha sido él mismo. Y su alter ego, claro, que cada noche lo muele en sueños a patadas con movimientos imposibles que luego, al levantarse, él hace realidad.

 

«Si tienes el don de afectar a la gente
de una manera buena, artística e inspiradora,
entonces tienes una responsabilidad»

Lil Buck

 

________________________________

El vídeo de aquí abajo es Aria, delicioso filme realizado nada menos que por el gran Benjamin Millepied, para el fantástico canal Nowness. Cumbre de talentos.

Entre las decenas de vídeos de Buck bailando por calles y teatros de todo el mundo, puedes ver también:

El ya famoso vídeo promocional de Buck para la Fondation Louis Vuitton 

Su original tributo a Michael Jackson, bailando Billie Jean, sin más referencia visible que sus pies

La increíble perfomance de Buck en Ted x Teen

Lil Buck en el ‘tercer escenario’ [3e scène] de la Opera Nacional de París

Lil Buck presentado en la CBS por Wynton Marsalis

Site: http://www.lilbuck.com/