James Gandolfini

James Gandolfini

Cualquier intento de explicarlo está condenado al fracaso, más en un día como hoy. Quienes lo sepan, ya lo saben. Quienes no, tenéis aún el maravilloso regalo de  poder descubrirlo. Me quedo con las palabras del colosal David Chase: «Gran parte de su genio residía en esos ojos tristes». Acierta también Chase en otra cosa: era como Mozart. Ligero, profundo, fresco, sutil, potente, luminoso, culto, preciso, cercano, lírico y siempre, siempre con una sencillez pavorosamente compleja en su hacer. Un clásico. Es decir, «aquel que nos mira envejecer invicto», como escribió Santiago Kovadloff. La campanilla del bar aún suena y nadie podrá decir que has muerto. Sigues mirándonos. Buen viaje, Jamie.

«Me gusta interpretar a gente como mis padres. No me interesan los abogados ni los corredores de Bolsa. Mis padres trabajaron duro, fueron honestos, eran buena gente. Estoy parado sobre sus hombros porque trabajaron muy duro y me permitieron ir a la universidad. Es la clase de gente que amo. Es la clase de gente que quiero mostrar en las películas porque creo que los están perjudicando. Y si tengo algún poder como actor, creo que viene de ahí». J.G.

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19 de junio de 2013

PD: Ojalá llegue a proyectarse pronto en España uno de sus últimos trabajos en cine: Down the Shore, dirigida por Harold Guskin, el brillante coach de actores y autor del imprescindible Cómo dejar de actuar. 

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