«Una vez en Italia me senté con un grupo de colegas directores en la cantina de una factoría en la que se destilaba un exquisito licor. Convinimos en que nuestra función profesional se describía mal en nuestros respectivos idiomas. A mí me resulta antipático el regusto a jefe de la palabra inglesa director, el francés encontró que el término metteur en scène era inadecuado porque sólo sugería débilmente un ‘colocar’, el sueco halló el término escandinavo instruktor infelizmente cercano a un entrenamiento físico espartano, mientras que el alemán halló regisseur meramente evocador de un tenedor de libros en una propiedad rural. Yo sugerí la palabra francesa animateur porque apelar al ‘ánimo’ sería una ocupación digna. (…) Uno es responsable de conseguir que lo que está ahí cobre vida, intentando estimular los verdaderos ingredientes que hacen que la vida fluya. En ese aspecto, uno no sólo está estimulando la vida, sino también apartando obstáculos que impiden que la vida fluya con naturalidad, es decir, ‘animando’. Pero el francés sacudió la cabeza; aquella noble palabra ha quedado hoy degradada hasta convertirse simplemente en una etiqueta para un monitor de clubs juveniles. Entonces Ermanno Olmi, un director italiano al que admiro profundamente, levantó el dedo y, mientras escuchábamos el latir y el borbotear del licor que estaba siendo exprimido de la uva al otro lado de la pared, dijo: ‘¡Yo propongo que nos llamemos distillatori!’. Destiladores. Todos estuvimos de acuerdo (…) Para que la vida fluya, no en su forma más tosca sino en la más refinada, necesitas filtros: si quieres purificar algo, lo filtras. Y después de filtrar llegas a los misteriosos procesos de un destilador, en los que vas a necesitar calor, una mezcla muy precisa de ciertas sustancias y procesos de temperatura y enfriado, y todo eso entra en el arte de destilar. Yo aún creo también en la palabra animador, y uniendo las dos logramos expresar mejor lo que hacemos. La animación pone en marcha el proceso en bruto, reúne la materia prima, la fruta cruda de la parra y la lleva a la destilería. Y ahí comienza el destilado».

Peter Brook

(Extraído de sus memorias Hilos de tiempo –Siruela– y de un diálogo con la directora británica Faynia Williams).

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MONTAJES DE LA COMPAÑÍA

Línea baseAún no consigo besar | Foto: Albert Corbí Este sueño compartido que llamamos realidad | Foto: Carlos Luján 
LA DESTILERíA + LA RISA DE CLOE

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