Este libro recibió en 1997 el
Premio Nacional Iniciación
de Poesía, otorgado por el Ministerio
de Cultura de Argentina, a la producción
1994-1995 de autores inéditos

 

© Todos los derechos reservados

 

 

 

 

Después de todo un día de silencios,
acercás la última
fuente hasta la mesa
y yo me siento
en el lugar acostumbrado.
En la loza, tus cubiertos
dibujan la frecuente cruz doméstica
y tus labios se arrinconan
un instante más
sobre la cómoda mordaza de tu vaso.
Escondés los ojos en el plato,
y desde allí,
desde allá abajo,
una voz, apenas tuya,
dice, una a una, las palabras
que dejan en la mesa
mi vaso a medio
terminar.

///

No conforme con irte,
te llevaste el universo. 

///

De este abrir
y cerrar los ojos
en la oscuridad,
sólo distingo
la mortal conciencia
de mis párpados.

///

Sé,
quiero saber,
que todo es irreal,
que no es la lluvia
la que cae,
sino yo,
inmaculado,
el que asciende.

///

Cuando cada forma
ocupe su sitio,
se verá la faz oculta
de lo explícito,
quién fui
de este que soy
sin conocerme.

///

Quieta,
la mirada
sobre el sol de la ventana
crucificado contra el suelo.
Un poco más acá,
detrás de algún lugar:
los años que se fueron.

///

Teme a la muerte
como quien es sometido
a volver.

///

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