Drama en un acto.

En lo que tal vez sea el interior de un sueño en cualquier tiempo y lugar, vuelve a acontecer así el más desencadenante de los hechos, el más antiguo, el más actual, el más futuro, el primero de una serie infinita: dos seres humanos se encuentran en un espacio indeterminado sin más marco común que el que construyan con su propio relato –con su propia relación de los elementos de la realidad– para explicar (intentar explicarse) qué extraño lugar es este al que han sido arrojados.
¿Ser dos es la respuesta al interrogante de ser uno?
Y si el mundo, lo construido, es siempre la respuesta que damos a la vida, ¿cómo saber si esa respuesta es o no acertada y, aun más, si resuelve el misterio que nos crea?

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Este sueño compartido que llamamos realidad | Foto: Carlos Luján

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