Noche random, + Elegía, ambas de Julián Peralta, por Astillero [2024] | Impros
Julián Peralta es, también para mí, como para tantos, la más importante figura del tango posterior a Piazzolla. Allí donde parecía que (según algunos) Astor nos había conducido a un callejón sin salida, Peralta (más Mariano Gonzalez Calo y los demás miembros del apabullante y exquisito sexteto Astillero, que ya cumple 20 años) tumbó de un soplo la supuesta pared que nos negaba una continuidad de lo que ya hace un siglo iniciaron De Caro y Vardaro y nos abrió a un nuevo horizonte repleto de posibilidades que otros tangueros de la nueva generación amplían influidos por él sin ser por ello contaminados, sino, por el contrario, estimulados por él a una apertura de miras que genera nuevas formas de articular un fondo común sin formas que sólo debe lealtad a lo que ya Piazzolla nos enseñó: el músico de tango no acompaña al bailarín, sino a la ciudad de su época, a todos y a cada uno de sus habitantes, bailen o no, escuchen o no tango, atravesados todos por la misma atmósfera, unidos (a conciencia o no) por esa urgencia de un disfrute no banal antes de que el tiempo se lo lleve todo. Por eso, como Peralta mismo suele decir, el tanguero es noctámbulo: no se quiere ir a dormir ni entregarse al sueño (esa muerte por entregas) porque no quiere que la noche se termine. Desde su raíz africana, tantas veces olvidada (cuando no silenciada), el tango ha sido hijo de la precariedad y de gente que ha vivido y vive al día, sin más futuro claro que el siguiente amanecer, cargado de incertidumbres y penurias. El carpe diem tanguero no es por eso zen ni iluminado. Es dramático y nocturno y, por eso mismo, carnavalesco, incendiario e íntimo, festivo y final, filosófico sin palabras, tiene nervio y ganas, arrebato y caricia, y hace de la delicadeza su pasión más sublimada, su sentido adiós. Con casi tres décadas a sus espaldas de indesmayable y brillante producción, Peralta —más troileano y pugliesiano que piazzolliano— ya es de su propia raigambre y se ha hecho un lugar en el corazón de todos los que amamos este extraño y singular género.
Astillero se ha revelado como el eslabón que
une definitivamente, sin repetirlos
ni caerse en sus poderosos lenguajes,
a Piazzolla y Pugliese con lo que
venga después de ellos
Al margen, una de las premisas con las que abordo estas impros consiste en no intentar hacer yo nada con la música para descubrir qué va haciendo la música conmigo, a qué reacciones me va moviendo y en qué lugar me colocan la aparición del error, del accidente o del imprevisto para, sin tacharlos como tales, aceptarlos como deseos inconscientes que buscan cristalizarse en movimientos que quizá voluntariamente no haría, centrándome en mantenerme ante todo en relación con la música que sigue al margen de que mis movimientos sean o no los que yo pudiera juzgar como adecuados. Desde la danza, es, creo, el modo más honesto de relacionarse con una grabación, el primer eslabón de un juego de relaciones en el que la danza es quizá el último.
Juego de relaciones, así, primero, de un intérprete con su instrumento; después, de varios intérpretes entre sí a través de sus respectivos instrumentos articulando un todo hecho de partes con el que, por último, uno, al bailar, elige entrar en relación. Nada es por ello quizá más importante que mantenerse dentro de esa relación dejando que sea la música la que haga algo con uno y no al revés, subordinándola a los planes de un relato coreográfico en vez de aventurarnos a una relación humana con otros creadores mediada por la música.
Más que de acciones por hacer, se trata tal vez por ello de reacciones que acatar en el difícil equilibrio entre no perder la atención a esa música (que lleva la energía y el carácter de otros creadores con los que uno busca estar a su altura al menos en entrega y temperamento) ni perder tampoco la atención a las urgencias del propio cuerpo respondiendo a la gravedad. Bajo estas premisas, la irrupción del fallo, el acecho de la caída o la ida de tiempo están garantizados, pero pueden ser insospechadamente fértiles: a veces sólo el cuerpo puesto ‘en peligro’, conflictuado en la materialidad de transitar milímetro a milímetro y segundo a segundo el espacio y el tiempo, puede generar ideas que la mente sólo puede traducir a posteriori de la experiencia, como si interpretara las señas de humo de un arder.

En un proceso de investigación, sin vistas a un público y un escenario, acaso sólo quede por ello bailar al borde del desastre confiando en que lo que sucede conviene, sea lo que sea, y que ya irá revelando sus formas naturales. Lejos no obstante de lo que siento estar brumosamente buscando —más aun con la música de Astillero—, me mantengo al menos en la determinación de plantear y comunicar esta exploración, a mi entender, necesaria dentro del tango en relación con el movimiento: al escuchar estas y otras grandes composiciones, auténticos grandes tangos, el cuerpo no me pide abrazarme a otra persona y caminar juntos buscando el pulso de la composición para llevar cuentas e introducir cortes y quebradas.
No defiendo tener razón ni busco cuestionar nada. Solo acepto serme sincero, tener el coraje del propio gusto y relacionarme honestamente, desde un lugar personal, con unas músicas poco abordadas en las milongas. Confío al menos en que estas impros sean la excusa para que quienes no las conocéis aún descubráis maravillosas composiciones y orquestas como esta —una de mis favoritas, no de la actualidad sino de toda la larga y riquísima historia del tango— que se ha revelado como el eslabón que, en mi opinión, une definitivamente, sin repetirlos ni caerse en sus poderosos lenguajes, a Piazzolla y Pugliese con lo que venga después de ellos. Difícil no ser fan de estos maravillosos y apasionados tangueros. Buscadlos (también en vídeo, aquí os dejo uno: el genial Variación de Julián Peralta). No os hartaréis de escucharlos. Ya volveré más detalladamente con ellos cuando, en otra fase de mi proceso, sea yo, a nivel de movimiento, más digno de sumergirme en sus oceánicas composiciones, hondas, misteriosas, hipnóticas, fascinantes, serenas, violentas, antiguas, siempre futuras, infinitamente bellas.
24 de agosto de 2022,
actualizadoel
16 de septiembre de 2024