Cuerdas del Plata

Cuerdas del Plata


Pertenencia, de Pauline Nogues + Deriva, de Pétalo Selser | Más abajo: Fiebre (Pétalo Selser) | La chancha (Analía Trillo) | Vicios (Mariano González Calo) | Pompeya (Julián Peralta) | Todas por la Orquesta Cuerdas del Plata


Voy hoy con estas dos maravillas, como podría haber escogido cualquiera de las otras de este auténtico primer discazo, de principio a fin, de una orquesta que se presenta con una valiente e infrecuente formación estable y con un repertorio de soberbios tangos de producción reciente, algunos de los cuales cuentan ya con varias versiones grabadas por diferentes orquestas que los van confirmando como ya clásicos de esta nueva era dorada que vive el tango desde finales de los 90: Mal arreado o Pompeya, de @julianperaltatango; Ocaso, de Pablo Sensottera-Lele Agnelí, o este Pertenencia, sobre el que improviso primero, de la francesa Pauline Nogues, supertanguera que durante un tiempo formó a la vez el fantástico dúo AloeVerás con la española Alicia Alonso, supertanguera también y acaso la violinista más bailarina del tango mientras toca. La otra fantástica pieza sobre la que improviso, Deriva, da nombre al disco y es de @petaloselser, integrante de la orquesta y, como Nogues, otra inspiradísima compositora a la que seguir y que en este disco deja otra perla llamada Fiebre, sobre la que otro día quizá vuelva, espero que más inspirado.

Escuchando @cuerdas_del_plata —ocho violines, tres violas, tres cellos y un contrabajo— pocas veces he echado tan poco de menos el bandondeón en una orquesta de tango de gran formato que no lo incluya y que suene a la vez tan tanguera por la energía orgánica, el nervio, la riqueza en la orquestación y esa cierta densidad emocional que, en la interpretación del género, excede y desborda lo formal precipitándolo todo hacia un desastre que no se cumple y que es siempre evitado en el filo de la suspensión haciendo así hasta de la pena un disfrute. A tanto acierto, la orquesta suma en exquisito criterio para el arte de su cd, realizado por @mario.wix sobre una fotografía de @santi_howard, y un magnífico clip realizado por @alejandrodiez.ar y protagonizado por @violetaa.ce 



En estas exploraciones intento ante todo que mi relación sea innegociablemente con las músicas, no con el movimiento, que debería ser la reacción o la continuidad enérgica de lo que esa música genera en mí, como si uno no pudiera ser más que los meandros en el lago al que una piedra acaba de caer o en el que un ave ha rozado con sus alas un instante la superficie. Aspiro por ello —desde mis posibilidades físicas y técnicas y mi limitado rango coreográfico— a evitar ‘elegir’, si fuera posible, los movimientos para acatar, mejor, los que siento generarse en mí casi dictados por la música, primando en todo momento la relación con esa energía que, desde la escucha, me ha movido a moverme, acompañando yo a la música y no esta a mí.



Intento así que la relación con las orquestaciones no sea formal ni rítmica (que ya lo es per se y no puede no serlo) sino, ante todo, enérgica, de atmósfera y tono. Busco por ello ante todo situarme a la misma altura temperamental, de carácter y gesto de la orquesta. No es que lo logre, pero desde esa actitud intento explorar. Desde ese código, y más aun en una impro, sin una escritura coreográfica preestablecida, los imprevistos, los fallos y los accidentes bailan inminentemente siempre con uno. Muchas veces, no aparecen; otras veces, como en estas impros, sí. O porque mido mal técnicamente algo o porque un amigo llega de pronto al estudio y no quieres dejar de saludarlo. De eso también se aprende: lo que sucede conviene. E incorporarlo, asumirlo y, pese a todo, seguir adelante también es tango, acaso más que ninguna otra cosa.



28 de enero de 2022