LA TIERRA PROMETIDA
DEL INDIVIDUALISMO DIGITAL
EMERGE BAJO LOS PIES
DE CADA NUEVO ROBINSON CRUSOE
QUE GRITA «YO» EN EL PUNTO MÁS ALTO
DEL MUEBLE IKEA EN EL QUE
AÚN CREE VER SU ISLA
MIENTRAS SUS VECINOS LLAMAN
A LOS SERVICIOS DE SALUD MENTAL.
NUNCA FUIMOS —DICEN—
TAN FELICES
Felices tetrapléjicos por voluntad conjuga diversos lenguajes —danza contemporánea, filosofía, teatro gestual y circo— e incluye cuatro vídeos que se proyectan durante la función sobre el propio fondo de la escena, alternándose (nunca conviviendo) con diversas situaciones de movimiento.
No se trata, sin embargo, de una pieza estrictamente de danza contemporánea ni de circo ni de teatro gestual: se articula, más bien, como una reflexión escénica acerca de las dinámicas del cuerpo en las sociedades hipertecnologizadas del confort que, en su escritura, se sirve de elementos dancísticos, circenses y teatrales para dar a sentir quizá más polívocamente aquello en torno a lo que se quiere pensar mediante un lenguaje que exceda y complemente al de la palabra, hoy colonizado por el espejismo de la comunicación.
Así la pieza aborda la creciente caída en desuso de los cuerpos en las sociedades hipertecnologizadas del confort según aumenta la hiperactividad mental en los entornos virtuales y se intensifican las relaciones sociales mediadas por imágenes. Se trata de un proceso histórico (entre mediados del siglo XIX y principios del XXI) a lo largo del cual cuanto más fueron creciendo las ciudades, más fueron reduciéndose inversamente los espacios por los que las personas debían circular con un repertorio cada vez más acotado y reiterativo de movimientos breves, aprendidos gradual y normativamente en la escuela, en las fábricas, en los edificios, en el transporte público, en las oficinas, en los cruces peatonales, en los parques con senderos y zonas de recreo y en cada uno de los nuevos ritos audiovisualmente bendecidos por la sociedad del espectáculo analizada por Guy Debord. Un repertorio de movimientos mínimos que, según iban siendo consagrados como conquistas del confort (un confort que dejaba atrás las penurias del ámbito rural y prometía librarnos ya de todas las contingencias del cuerpo), más empujaba a las personas a una creciente actitud pasiva ante la vida y, más sutilmente, a un proceso de desmovilización social, profundizado década a década hasta nuestros días, hasta este inédito tiempo en el que cada vez más personas, incluso en la multitud, van quedándose más aisladas, sutil y complejamente, por su propia elección, consumiendo insaciablemente sin consumar nunca nada, en su particular limbo psíquico, entre mil reflejos y renovados simulacros de inmortalidad.
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