Horacio Salgán

Horacio Salgán


Grillito, de y por Horacio Salgán y su orquesta típica + El entrerriano, de Rosendo Mendizábal, por Horacio Salgán y Ubaldo De Lío


Es con Gardel, De Caro, Troilo, Pugliese, Gobbi, Piazzolla y Federico una figura insustituible del tango en el siglo XX. «El tango moderno —decía el propio Piazzolla— comienza con Salgán». Su orquesta de 1944 y la originalidad de sus arreglos, con innovaciones rítmicas, armónicas y tímbricas, lo colocaron ya entonces en el siglo XXI, donde sigue influyendo en los más talentosos músicos —El arranque, Ramiro Gallo, Agustín Guerrero, Nicolás Ledesma, Andrés Linetsky, Diego Schissi, Pablo Estigarribia, entre tantos—, para quienes Salgán es siempre un horizonte que invita a avanzar. Probó a su vez con maestría todas las formaciones: orquesta típica, sinfónica, septimino, quinteto, dúo de piano y guitarra con su amigo del alma, Ubaldo De-Lío, y dúo de pianos con el gran Dante Amicarelli. En todos brilló con su inconfundible mano derecha, de una osadía inédita en los agudos, salpicados como gotas al sol de una cascada contra la piedra, siempre perlados, nítidos, de una brillantez casi visual, siempre atemperados por los arrastres y las síncopas anticipadas de su portentosa mano izquierda, marca de la casa. Fue, además, el primero en muchas cosas: en incluir, por ejemplo, en una orquesta a Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche y Horacio Deval, cuando sólo eran nombres y no leyendas; en incluir también el clarón, el clarinete bajo, como novedad tímbrica; en introducir la percusión, no como un mero instrumento de acompañamiento o una resaltación rítmica, sino como una instrumentación protagónica más.


«Tengo un respeto casi religioso
por toda la música,
porque es un puente hacia Dios.
Nunca pretendí salvar al tango ni nada por estilo.
Tengo un gran respeto por los antecesores:
Arolas, Bardi, Cobián, los De Caro,
y no vine a modificar ni a hacer nada,
porque el tango no lo necesita
»

Compuso, entre otros hitos del tango, A fuego lento, Grillito, La llamo silbando, Don Agustín Bardi, Tal vez no tenga fin, Aquellos tangos camperos (en tándem con De Lío) y tantas otras obras, muchas aún hoy desconocidas. Entre sus composiciones, habría que incluir sin duda casi todos sus arreglos, con los que convirtió en platino lo que ya era oro. Su arreglo, por ejemplo, de El entrerriano, tango de 1897, es uno de los techos orquestales del género. No son pocos quienes creen que acaso haya sido el más grande arreglador de la historia; me incluyo. Cuesta al menos no sentirlo mientras uno escucha sus orquestaciones de Tierra querida, Gallo ciego, Recuerdo, La clavada, Shusheta, La tablada, La puñalada… Son un auténtico festival de ingenio, frescura, complejidad, ligereza, sencillez, potencia, hondura y mugre tanguera, piezas recreadas con el sentido lúdico de un niño y el saber acumulado de generaciones de músicos de todas las latitudes. Más que arreglos, son milagros.



Horacio Salgán tenía la capacidad de poner, literalmente, patas arriba un tango que ya existía y que fuera, a la vez, en todo momento el tango original. Sus arreglos son como la más bella luz del sol sobre un objeto determinado: no modifica lo que alumbra, pero, por su luz, el objeto, siendo el mismo, se convierte en algo hasta entonces nunca visto. Complejo y sencillo a la vez, un misterio indescifrable que, cuanto más quieres mirarlo, más te ciega y te deslumbra y, no obstante, más quieres seguir mirándolo. Hasta donde me consta, siguió tocando en público en plena forma hasta los 95 años. Y, al menos en sus pensamientos, tocó seguramente el piano hasta el último día de los cien años que vivió (1916-2016). Jamás perdió el asombro y, de tan original y sencillo, no necesitó ni evolucionar: aquello por lo que destacó a mediados de los 40 sigue siendo aún hoy lo mismo por lo que destaca y por lo que seguirá maravillando en otros doscientos años más.



Él mismo reconocía que nunca buscó tener un estilo. «Surgió sin proponérmelo —dijo—, absolutamente. Hay mucha gente que se acerca al tango o a otros géneros musicales con la idea de la renovación. Yo no me acerqué al tango a salvarlo, ni nada por el estilo. Lo hice porque tengo amor por la música de mi país —el tango y el foklore—, porque tengo respeto y devoción por la música: practico todos los géneros; tengo un respeto casi religioso por toda la música, porque es un puente hacia Dios. Nunca pretendí salvar al tango ni nada por estilo. Tengo un gran respeto por los antecesores: Arolas, Bardi, Cobián, los De Caro, y no vine a modificar ni a hacer nada, porque el tango no lo necesita. Vine simplemente, con toda modestia, a exponer mi lenguaje musical. Lo que salió, salió porque espontáneamente así lo sentía».


El vídeo de más arriba en el que Salgán interpreta con su cuarteto la joya de arreglo que realizó de La puñalada está mal referenciado. Su autor es Horacio Pintín Castellanos, no Juan D’Arienzo, que sí lo estrenó en los años 30 como una milonga. Acompañan a Salgán su incombustible socio Ubaldo De Lío en guitarra eléctrica, Oscar Pareta en bandoneón y Gabriel De Lío en bajo eléctrico.


11 de agosto de 2022