OETEB + Lidia Borda

OETEB + Lidia Borda


Sueño de juventud, de Enrique Santos Discépolo, en la voz de Lidia Borda, con la Orquesta Escuela de Tango, dirigida por Emilio Balcarce + Solfeando, de Mario Demarco, arreglo para la orquesta de Alfredo Gobbi, interpretado por la Orquesta Escuela de Tango Emilio Balcarce, dirigida por Víctor Lavallén.


La ‘mugre’ de la que tanto hablo en este proyecto es algo que muchas veces resulta oscuro hasta para los propios músicos, que ven cómo lo escrito en las partituras no siempre se corresponde con lo que suena en las grabaciones míticas del género. Por decirlo en pocas palabras, se trata de algo más metamusical que puramente pentagramático, más de carácter y gesto expresivo que de pulcra ejecución académica. Un saber difícilmente codificable de una música que siempre ha navegado entre la partitura y la improvisación y cuya ejecución se enseñó y transmitió oralmente entre músicos de una generación a otra en el corazón de las orquestas típicas.



Al ir desapareciendo la mayor parte de ellas a partir de la década del 60 del siglo pasado por complejos motivos sociológicos, culturales, políticos y, al cabo, económicos de todo tipo sobre los que puedes leer más aquí, ese saber continuó transmitiéndose en agrupaciones más pequeñas —sextetos, quintetos, cuartetos, tríos, dúos—, pero con un inevitable nivel de pérdida, propio del desuso en el que fueron cayendo el escribir, dirigir y tocar en entornos de 13 y más instrumentos.


Ramiro Gallo e Ignacio Varchausky, impulsores de la OETEB


Tres décadas más tarde, a mediados de los 90, los pocos nuevos músicos veinteañeros y adolescentes que se acercaban al tango y que se juntaban a tocar entre ellos no sabían realmente qué hacer para sonar como escuchaban sonar a las orquestas que admiraban. Conseguían partituras, arreglos originales, pero por muy aplicadamente que los ejecutaran, sus resultados distaban mucho de lo que los maravillaba (y atormentaba) desde el disco. No acababan de desentrañar tampoco por qué un mismo tango interpretado por las orquestas de Troilo, Pugliese y Salgán sonaba a la vez tan diferente, con un estilo rotundo y claramente reconocible en cada caso y radicalmente distinto al de los otros. Y todos maravillosos. Las grabaciones de aquellas décadas —años 40 y 50— no eran, además, las mejores: muchos sonidos se empastan y los nuevos músicos de los 90 se dejaban medio cerebro en cada escucha analítica en las que pretendían desentrañar y transcribir las líneas de bajos marcadas por la mano izquierda del piano y el contrabajo en apenas dos compases. Y las escuelas en las que aprender algo de todo aquello eran contadísimas, por hablar en plural, ya que en verdad había apenas una: la Escuela de Música Popular de Avellaneda, desde 1986.

Para recuperar aquel saber y aquella transmisión de saber, había que recuperar por ello aquel mismo ecosistema orquestal perdido y ser orientados por quienes lo hubieran habitado, invitándolos a enseñar lo que ellos habían aprendido un día. Eso creyeron y soñaron juntos Ignacio Varchausky y Ramiro Gallo, contrabajista y primer violín del septeto El arranque a finales de los 90. Juntos, fueron localizando a muchos de los músicos aún vivos que habían integrado las orquestas de los estilos fundamentales del tango —muchos eran ya mayores y estaban olvidados en sus casas— y lograron seducirlos y convencerlos de que se sumaran como pudieran al proyecto, empezando por quien fue su primer director, el inmenso Emilio Balcarce, de entonces 82 joviales años.


Emilio Balcarce

Emilio Balcarce


En el 2000 y, con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, el sueño se hizo realidad: nació la fundamental Orquesta Escuela de Tango, dirigida por el genial autor de La bordona, una de las cumbres del género. 

Con un programa de estudios de dos años, los estudiantes —provienientes de Uruguay, Japón, Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Bélgica, Colombia, México, Francia, Holanda, Corea, Alemania y Australia— ingresan por un sistema de audiciones abiertas y se sumergen en los más importantes estilos orquestales de la historia: Troilo, Pugliese, Salgán, Piazzolla, Di Sarli, Federico, D’Arienzo, Fresedo, Gobbi, De Caro… Cada estilo es abordado desde los arreglos originales de las orquestas y está acompañado de grabaciones y aportes personales en directo de antiguos integrantes de aquellas formaciones o muy conocedores del estilo estudiado. Un excelente documental —Si sos brujo, de Caroline Neal— registró aquel proceso inicial de la orquesta. 


 


Siempre bajo la dirección artística y ejecutiva del incombustible, admirable y troileanamente generoso Ignacio Varchausky —un auténtico organizer, mucho más que un productor musical: un generador de eventos, sinergias, reuniones con mirada global y perspectiva a quien Buenos Aires nunca podrá pagar por tanto como ha dado, da y seguirá dando—, la Orquesta Escuela de Tango sumó a su nombre el de Balcarce cuando, en 2007, Emilio, ya muy mayor, se retiró y fue sustituido por otro legendario músico y director, el bandoneonista santafecino Néstor Marconi, que permaneció en el cargo hasta 2010, año de la llegada del actual director, el gran Víctor Lavallén, autor de otra cumbre del género: Meridional. En estos 23 años, la OETEB ha formado en tango orquestal a cientos de músicos de todo el mundo y grabado cuatro excelentes discos. Los dos primeros con Emilio Balcarce, los otros ya con Víctor Lavallén y la colaboración de Cristian Asato en el excelente Gobbi inédito.


Víctor Lavallén, director de la OETEB


A esa tarea, la OETEB ha sumado continuamente la realización de conciertos didácticos en los que comparten con el público los entresijos y el andamiaje interno de los principales estilos del tango orquestal. Un buen ejemplo de ello es el maravilloso concierto didáctico sobre el estilo de la orquesta típica de Astor Piazzolla en 1946, diseñado y presentado por Varchausky el 14 marzo de 2021 en el Teatro Colón de Buenos Aires. Una joya que permite apreciar, con nitidez y en toda la complejidad de sus planos, la arquitectura íntima de la orquestación de Astor en los años 40, pero también lo sobrecogedoramente bien que suena está orquesta de jóvenes músicos.



Los de momento cuatro discos grabados por la Orquesta Escuela son de lo mejor y más importante que se ha grabado en tango en décadas, poniendo en auténtico valor y a nuestro alcance el sonido más aproximadamente real al que tenían aquellas grandes formaciones de los 40 y 50 que la tecnología de entonces no permitía registrar tan fidedignamente como hoy para legarnos en toda plenitud su maravilla. Cuesta realmente no estremecerse al escuchar las actuales grabaciones de Pata Ancha, La bordona, Sentimental y Canyengue, De contrapunto, Bien compadre, Melancólico Buenos Aires, Meridional, Camandulaje, Febril, Chiqué, Villeguita, Si sos brujoSolfeando, entre tantas otras. Son una auténtica fiesta como este precioso Sueño de juventud, de Enrique Santos Discépolo, interpretado por una de las más excelsas cantantes de tango de hoy, Lidia Borda, hermana de otro enorme músico, el genial guitarrista Luis Borda, de los pocos músicos a los que he llegado a sentir a veces en auténtico estado de gracia y sobre quien ya volveré otro día. Aquí Lidia se adentra en terreno pantanoso —cualquier cosa que haya cantado antes Gardel lo es— y sale coronada. También de ella en sus grabaciones podemos decir ya: cada día canta mejor.  


20 de julio de 2022