‘Onda 9’ | Astor Piazzolla

‘Onda 9’ | Astor Piazzolla


Onda 9, de y por Astor Piazzolla y su Conjunto 9 (1972)


Os hablaba hace unas semanas del Conjunto 9 o noneto de Astor Piazzolla [en la imagen de abajo], una de las agrupaciones más creativas, experimentales y que más satisfacciones dio al propio bandoneonista, según él mismo contaba. Creado en 1971, el noneto era, en resumen, su ya troncal quinteto ampliado de tal modo que pudiera contar, dentro del conjunto, con un cuarteto de cuerdas y, decisión nada inocente entonces, una batería a la que volvía a sumar, como en sus quintetos, la guitarra eléctrica.

Con esta estructura, exploró con gran libertad y genio nuevas texturas sonoras y creó novedosas atmósferas en el tango, pasando de lo más áspero a lo más suave con una naturalidad desconocida y una complejidad compositiva que alcanzó algunos techos como Tristezas de un Doble A, Baires 72, Zum, Vardarito, Fuga 9, En 3×4, Jeanne y Paul o el brutal arreglo de Verano Porteño. En algunas de esas piezas está ya incluso, seminalmente, la fundamental serie de La camorra, de 1989, y hasta líneas melódicas que más tarde exploraría como nadie el gran Dino Saluzzi.


El noneto de Piazzolla en 1972, con el gran Osvaldo Tarantino al piano.

El noneto de Piazzolla en 1972, con el gran Osvaldo Tarantino al piano.


Aun cuando siento y sentiré siempre que el quinteto ha sido y será siempre la más importante formación de Astor y que mis discos más queridos son insuperablemente dos con el quinteto —el Adiós Nonino de 1969 en el que brilla al piano Dante Amicarelli, y La camorra, de 1989—, siento y sentiré también siempre que el noneto aporta algo único, irrepetible en su producción.

Son esos años del Conjunto 9 los que cristalizan con nitidez definitiva su crucial impronta con una libertad, una complejidad, una osadía, un vigor, una hondura, un desparpajo, un músculo y una resplandeciente oscuridad no comparables con nada dentro de su amplísima producción.


Osvaldo Tarantino, en los años 70. Es, sin duda, con Francisco De Caro, Orlando Goñi y Horacio Salgán, uno de los pianistas más influyentes en el modo de tocar tanguero de toda la historia.

Osvaldo Tarantino, en los años 70. Es, sin duda, con Francisco De Caro, Orlando Goñi y Horacio Salgán, uno de los pianistas más influyentes en el modo de tocar tanguero de toda la historia.


De esa formación, os dejo hoy Onda 9, inspiradísima pieza que es casi un homenaje al talento de su pianista de entonces, uno de los más grandes y personales de la historia de la música porteña, el gran Osvaldo Tarantino (en la foto de arriba) y, por extensión, a su maestro y maestro de todos los pianistas de tango, Orlando Goñi, de quien Tarantino, con acierto, dijo: «Su mano izquierda [la de los bajos o los graves] fue una revolución». Continuamente trufado de solos de piano, este tango del infinito Piazzolla, una maravilla menos conocida de lo que debiera ser, es un festival de ritmo, swing e imprevisibilidad tangueras.

Y un último apunte; en este caso, sobre la batería de Pepe Corriale y la guitarra eléctrica de Oscar López Ruiz. Más jazzeras que rockeras, su inclusión en el noneto, junto a un cuarteto de cuerdas, eran toda una declaración de intenciones de Astor, sumada a la de que por primera vez renunciaba a la palabra ‘tango’ para pasar a hablar de ‘Música popular contemporánea de la ciudad de Buenos Aires’.


Reverso del primer disco del Conjunto 9 de Música popular contemporánea de la ciudad de Buenos Aires. Así rebautizó Piazzolla su estilo en aquellos años, evitando por primera y única vez la palabra 'tango'. El pianista, entonces, era el notable Osvaldo Manzi, quien ya había integrado su quinteto en años anteriores.

Reverso del primer disco del Conjunto 9 de Música popular contemporánea de la ciudad de Buenos Aires. Así rebautizó Piazzolla su estilo en aquellos años, evitando por primera y única vez la palabra ‘tango’. El pianista, entonces, era el notable Osvaldo Manzi, quien ya había integrado su quinteto en años anteriores.


Eran los años de explosión del rock, que barría al tango en la industria discográfica y en el gusto de las nuevas generaciones. Siempre me ha sorprendido la naturalidad y el tino con los que Astor supo calibrar la presencia de esos instrumentos ‘ajenos’ al tango en la mezcla final de las grabaciones. Todo lo que me pueden disgustar las baterías en las formaciones de los buenos de Stampone y Garello (a los que, como tantos, admiro y valoro en muchísimas cosas), en el noneto es todo acierto, mérito también, desde luego, de Pepe Corriale y López Ruiz.


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7 de mayo – 25 de junio de 2024